Esta semana, en El cuaderno de Ada, comparto una reflexión sobre la desconexión digital en la práctica docente y las líneas rojas que necesitamos aprender a establecer. La digitalización nos ha traído muchos beneficios, pero también algunas ataduras de las que no siempre somos conscientes.
La tecnología ha transformado nuestra forma de trabajar, pero también ha añadido nuevas responsabilidades a nuestra mochila digital. Poder estar siempre conectados no significa que debamos estar permanentemente disponibles. Desconectar no consiste únicamente en dejar de trabajar, sino también en evitar que el trabajo siga reclamando nuestra atención. Para conseguirlo, necesitamos establecer límites, recuperar el control de nuestro tiempo y recordar que la tecnología debe ayudarnos a trabajar mejor, no obligarnos a vivir conectados al trabajo.
